Ardid del capitalismo desde la educación básica regular hacia la homogeneidad

Una utopía llamada diversidad

A lo largo del tiempo hemos escuchado frases como “todos somos diferentes” o, el popular “cada quién a lo suyo”; pero, ¿Realmente lo creemos? o ¿Realmente debemos especializarnos en una sola cosa? No es un secreto el saber que la educación formal es una de las maneras más efectivas de implantar en la persona no sólo conocimientos o estrategias académicas, sino también ideas, ideas diversas que podrían incluso inclinar nuestro pensamiento hacia distintos intereses de otros y lograr asumirlos como si fueran nuestros, lo que es conveniente sobre todo en un sistema dónde se necesita de gente que piense igual, dónde se necesita de personas con un sentido común bastante desarrollado. Por otro lado, tenemos al capitalismo, un sistema económico que ha ido mutando; en un principio para hacerse más fuerte y luego para defenderse de los varios intentos por derrocarlo. Uno de los modos más visibles de defensa que manifiesta es el de presentarse como democrático, al brindarte una libertad condicionada y una aceptación aparente de la diversidad; cuando lo que hace es disfrazar y “darte” lo que necesitas, pero sin dártelo en realidad, sólo en apariencia. Así nos mantiene en una disyuntiva constante sobre nuestras acciones, sabiendo que, al final el nadar a contracorriente significa perder el plancton de la vida y que tarde o temprano seremos arrastrados cansados y debilitados, de nuevo al caudal. Pero entonces, ¿Qué relación existe entre el capitalismo y la educación formal? Pues, que mejor estrategia que comenzar a instaurar en los estudiantes nuevas ideas que generen con el tiempo capitalistas en potencia, que luego transmitan lo mismo a su descendencia. Con lo expresado anteriormente, relacionar capitalismo con educación formal resulta bastante simple, por lo que, con base en ello propongo que la estrategia de subsistencia del capitalismo es el empezar a llenar vasos vacíos desde las aulas de educación básica regular, donde desde el principio se le da al estudiante las reglas del juego: matemáticas sobre artes, tecnología sobre deporte y ciencias, sobre todo; mis reglas sobre tu libertad; mis métodos y creencias sobre tu diversidad.

¿Por qué matemáticas, ciencias y tecnologías? Hemos sido testigos de los cambios que se han ido dando con respecto al ámbito industrial-empresarial, donde se refleja claramente una evolución tecnológica que se ha dado y se está dando a pasos agigantados y acelerados, y que trae grandes consecuencias traducidas en ganancias económicas para las grandes corporaciones dedicadas a este rubro, y una sociedad cada vez más consumidora. Y hoy por hoy se necesita de “colaboradores” empresarial-industriales que puedan ejecutar los procesos que hoy se requieren en la fabricación de nuevos y más avanzados productos científico-tecnológicos. Por ello es que, desde los primeros años de colegio, se les inculca e inclina a los estudiantes por las ciencias físicas-tecnológicas, algo que lógicamente contradice el principio de diversidad dado por el movimiento pos-moderno en el que nos encontramos, el cuál ni siquiera funciona para los aspectos donde creemos que lo hace. Se habla de la gran importancia que lleva la palabra diversidad, y de su constante relación con las palabras aceptación y libertad, pero ¿Realmente podríamos considerarnos en la libertad de expresar diversidad cuando nos empiezan a criar desde la imposición de lo que debo hacer y en lo que debo ser bueno (a) para tener “éxito” económico? ¿Debería sentirme aceptado (a) en mi diversidad cuando estoy siendo parte de un sistema que espera de mí la especialización en algún ámbito específico, cortándome las alas de poder desarrollar en diferentes aspectos a lo largo de mi vida? ¿Me puedo sentir libre en un sistema que bajo la máscara de diversidad me ata a ser alguien homogéneo?

Desde aquel refrán que dice: “el que mucho abarca, poco aprieta”, se entrega al mundo la idea de que hacer varias cosas no generará ningún resultado concreto. Es precisamente lo que el sistema capitalista busca, lo que quiere son personas especialistas, no diversas como pretende hacernos creer, porque la gente especialista genera resultados desde la productividad; en cambio, la gente diversa no aceptará realizar una sola cosa todo el tiempo. Pero para la lógica de producción a grandes cantidades se necesita de gente que, aparte de ser especialista, sea constante, que sea homogénea. Desde la primera revolución industrial se empezó a evidenciar la “suplantación” de máquinas por obreros, y con mucha más fuerza se reflejó hacia la segunda revolución industrial, sin tener en cuenta que en realidad nunca se trató de un reemplace de máquinas por personas; sino de un cambio de posición de trabajo, esta vez el obrero no fabricaría desde sus propias manos, sino desde la operación de una máquina, pues al final la que trabaja no es la máquina, sino el obrero. Y desde aquel entonces, es que la idea de diversidad se alejaría aún más, porque se empezarían a necesitar especialistas formados descubiertos o formados desde pequeños. Es por eso que cuando se halla a una persona, del país que fuere, con grandes dotes para las ciencias, la tecnología o las matemáticas, se los considera hasta genios, y no es porque sí, es porque de esas personas necesita el sistema, entonces a través del endiose pretende ocasionar en las generaciones en formación el aprender de aquello, imitar a esos genios y no por un interés de querer desarrollar talentos, sino con un único interés de adquirir gente joven para seguir produciendo en lo que genera riqueza.

La diversidad en realidad es la gran careta de operación desde la que se apoya el sistema económico regente. Desde donde convence y se mantiene, desde donde vende y orienta su consumo. Porque hasta cuando se viste de diverso es homogéneo, porque todos vivimos en constantes ironías; donde nos llamamos diversos con el uso común de jeans de distintos colores, nos llamamos diversos al seguir haciendo uso de estereotipos en cualquiera de sus formas, nos llamamos diversos al exigir un tipo de corte de cabello o peinado para pensarse correctamente uniformado al asistir a un colegio, nos llamamos diversos cuando el profesor enseña a leer o escribir de una sola manera a todos sus diferentes estudiantes.

Hablar de educación básica regular, es hablar de formación de futuros homogéneos, obedientes y colaboradores en potencia, acción conveniente al sistema capitalista, más aún si la educación básica regular es dada desde un colegio de algún país tercer mundista porque aquellos (as) estudiantes que egresen del básico y se dirijan al superior llenarán más rápido esas aulas con nuevas carreras pensadas en crear nuevos obreros del siglo XXI. El estudiante del primer mundo no es menos enajenado que uno del tercer mundo, pero sí más capitalista que el segundo; criado para tener una específica posición, a menos que el estudiante del tercer mundo sea superior en conocimiento y ejecución de este; es en ese momento cuando el estudiante del tercer mundo estaría a la par que el primero, y sería usado como ejemplo de superación para los otros estudiantes tercer mundistas, no para los primer mundistas.  

Finalmente, sólo recalcar que efectivamente una gran estrategia capitalista es empezar desde aquellas aulas de educación básica regular, a través de profesores previamente enajenados y atados al sistema, donde se busca implantar, desde un bien pensado antifaz de diversidad, personas homogéneas, especialistas y obedientes, que posteriormente sirvan, a la vez, de ejemplos, colaboradores y transmisores en potencia de un sistema que teme ser diluido en cualquier momento.  

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